Un problema para la libertad

Un problema para la libertad

Errika Chatzivasileiou

Errika Chatzivasileiou, nacida en el año 2000 en Atenas, Grecia. Estudia Lengua y Literatura Española en la Universidad de Atenas. Nos escribe sobre el comportamiento de la policía los últimos años de la crisis.

Texto escrito originalmente en español por la propia estudiante.


El 6 de diciembre de 2008, Alexis Grigoropoulos, un estudiante de 15 años, era abatido a disparos por un agente de policía durante una manifestación en Atenas. El trágico episodio ha marcado a una generación de jóvenes griegos, que cada año organizan marchas a favor de la democracia y en contra de la brutalidad policial sistemática que sufre el país heleno.

Portada: EFE

«La democracia forma el sistema político más importante, presente en la mayoría de los países del mundo en la actualidad, teniendo muchos beneficios para la sociedad. En estos Estados democráticos la gente ejerce el poder indirectamente con su voto y elige a quien va a servir sus intereses. La característica principal de este sistema político es la defensa de la libertad y de la seguridad de los ciudadanos, y justamente esto es lo que lo hace accesible.

Grecia “adopta” la democracia en 1974 después de la represión de la Junta de Gobierno. Había una necesidad muy grande de tener libertad y seguridad. Y, en realidad, Grecia es hasta ahora un país que ofrece a sus ciudadanos muchas libertades, con la condición de que estas no hagan daño a los demás. También, respeta los derechos principales de todos y existe la igualdad en la mayoría de las ocasiones. Los últimos años, los años de la crisis, la democracia del país se ha visto amenazada constantemente de todas las maneras posibles. Una de las más importantes es la violencia policial y las atrocidades que la Policía provoca, sin tomar responsabilidades por ello y sin sufrir ningún castigo. La Policía griega falla al cumplir con su deber y esto es muy claro si observamos qué pasa cada día en nuestra sociedad.

No son pocas las veces que la Policía no solo no protege el derecho de los ciudadanos a la seguridad, pero lo pisotea ella misma. En todas las protestas y las marchas que ocurren estos últimos años en Atenas tenemos conflictos entre la Policía y los manifestantes, conflictos con golpes, gases lacrimógenos y otros elementos químicos. Golpes intensos de odio sin ninguna aparente razón en realidad, solo con muchas ganas de demostrar su poder. Por supuesto, no digo que todas las protestas sean siempre pacíficas, pero lo que quiero explicar es que la mayoría de las veces los policías son los que empiezan o siguen esta “guerra”, declarando que solo así van a restablecer el orden en la ciudad. Y también es comprensible que las veces que alguien haya cometido un acto grave y se resista a los oficiales quizá estos puedan usar la violencia para controlar la situación. Lo que no deben hacer es explotar esa libertad y fuerza que tienen que los lleva a un abuso de derecho donde no es necesario ni aceptable.

Igualmente, observamos a diario ataques contra las minorias y aquellos a los que los policías consideran ciudadanos “menores” o de segunda, pero nunca contra los bien vestidos y los “correctos” ciudadanos. Su violencia hace discriminaciones. Quien no corresponde a los estereotipos sociales se considera sospechoso para ellos. Esta mentalidad de la gente que es responsable de nuestra seguridad probablemente tiene raíces en la falta de educación y la ignorancia, ya que su trabajo es defender al hombre como entidad, dejando de lado características sociales y raciales.

Además, en el historial de la policía griega hay décadas de casos que esta violencia, en las marchas o simplemente en una calle cualquiera, un día cualquiera, ha causado la muerte de civiles. El ejemplo más fuerte es el asesinato de Alexis Grigoropoulos, un chico de quince años, con la justificación de defensa propia ante un inaceptable comportamiento por parte del chico. Un niño ha muerto de la manera más injusta, le han coartado del derecho a vivir. De manera tal injusta cada año la policía empieza los conflictos y golpea la gente que marcha a su memoria.

La violencia no es el único error de la policía. Cada día suceden incidentes que nos llevan a pensar que no existe un buen funcionamiento de la sociedad por culpa de las fuerzas de seguridad. Por ejemplo, algunos incidentes leves son la ignorancia en los casos que ellos consideran que no son importantes y, también, que muchas veces que los llama algún ciudadano no van a ayudar. Otros incidentes más graves son que muchas veces agentes participan en organizaciones criminales o las ayudan y encubren los crímenes de sus “tuyos”.

Sin duda, siempre hay excepciones, justos y sinceros oficiales de policía que nos hacen sentir seguros y nos ayudan a pesar de los peligros. Todos estos extremos comportamientos de la mayoría empañan la profesión. El Gobierno tiene que adoptar las medidas necesarias para que se realicen controles oficiales por esos comportamientos con el fin de garantizar el funcionamiento correcto y la formación profesional justa de la nueva generación de oficiales, pero también tiene que eliminar cada forma de violencia antes de que pase algo peor. Estamos en el siglo XXI, el mundo cambia a un ritmo extraordinario y nosotros tenemos miedo por las personas que son responsables de nuestra seguridad. Esa atrocidad nos recuerda sólo escenas de guerra y conflictos de décadas anteriores. De este modo, nuestra sociedad no se desarrolla, sino que da pasos atrás. Esto tiene que cambiar si queremos llamar a nuestro país democrático.»

Errika Chatzivasileiou, desde Atenas, Grecia.

(6 de diciembre de 2020)

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