Los dioses que llegaron en avión

Los dioses que llegaron en avión

Conoce el fascinante fenómeno de los «cultos de cargo» de Melanesia, una serie de insólitos movimientos religiosos  fruto de la colonización europea


Portada: VLAD SHOKIN (Pinterest).

La fe es un atributo presente en todas las civilizaciones humanas repartidas a lo largo del globo. Resulta curioso pensar que, además, muchos de los mitos que alimentan las creencias de numerosos pueblos están relacionados con el retorno de una deidad que traerá consigo un período de prosperidad. Mientras que los cristianos esperaban la segunda venida de Jesucristo, una leyenda azteca pronosticaba el regreso de Quetzatcoatl, “la serpiente emplumada”, una figura divina que partió al oeste y que retornaría cuando los 3 calendarios utilizados por los aztecas coincidiesen. La auténtica coincidencia se dio cuando en la fecha pronosticada, 1519, la expedición liderada por Hernán Cortés desembarcó en tierras aztecas.

Existe un interesante debate historiográfico acerca de si, efectivamente, los aztecas consideraron o no dioses  a los conquistadores españoles en un primer momento. Puesto que, pese a la existencia de algunos escritos que podrían confirmar esta idea, también existen posturas que afirman que no se trata de nada más que un mito surgido tiempo después y promovido por los propios conquistadores.

Representación en piedra de Quetzatcoatl, la serpiente emplumada que adoraban los aztecas. (Hablemosdemitologias.com)

Sin embargo, en la época contemporánea se han registrado varios casos ampliamente documentados de cultos y creencias surgidas en torno a una supuesta conexión de los colonizadores europeos con la dimensión divina: se trata de los llamados cargo cults o “cultos de cargo” desarrollados en el este de Oceanía. Estos movimientos variados y sincréticos, y en la mayoría de ocasiones efímeros, se comenzaron a dar en algunas zonas de Australia y en los archipiélagos de Melanesia a partir de la segunda década del siglo XX. Hay que tener en cuenta que, por su situación geográfica, las tribus que habitaban los archipiélagos que hoy conforman países como Papúa Nueva Guinea, Vanuatu o las Islas Salomón no habían tenido apenas contacto con otros pueblos, y menos con las costumbres y la tecnología que habían desarrollado los europeos. 

Mapa en el que se aprecia la situación de la región de Melanesia en Oceanía. (mapswire.com)

El origen de los  cargo cults

Los habitantes de Melanesia, en el siglo XIX, se organizaban en un modelo tribal y profesaban una variada cantidad de creencias relacionadas con el animismo y el culto a los antepasados. La llegada de los europeos (alemanes, franceses, británicos y holandeses) que se repartieron aquellos territorios oceánicos tuvo un gran impacto en las creencias y en el modo de vida de los melanesios: mientras que estos trabajaban muy duro para sobrevivir y conseguir recursos, aquellos forasteros blancos llegados en grandes barcos y aviones poseían muchísimas comodidades y una provisión casi infinita de alimentos en lata. Todos esos prodigios tecnológicos procedían de unos cargamentos (“cargo”) que los melanesios comenzaron a considerar regalos de los dioses. ¿Cómo accedían a ellos los forasteros? A través de una serie de rituales que llevaban a cabo: se sentaban a escribir en máquinas, portaban ropas extrañas…

Partiendo de estas teorías, se desarrollaron una serie de movimientos que perseguían la obtención de estos cargos divinos. Desde un punto de vista eurocéntrico, estas ideas pueden considerarse ingenuas y hasta disparatadas, pero resultan totalmente lógicas en un contexto colonial de choque de civilizaciones, costumbres y modos de vida, en el que los europeos se comunicaban con los melanesios solo a través de las misiones religiosas, que no hacían mucho por aclarar las dudas de los pobladores oceánicos. 

Resulta en extremo complicado realizar una enumeración exacta de los cultos cargo, por sus distintas implicaciones y preceptos. Sin embargo, la mayoría de ellos tenían en común su naturaleza reaccionaria en contra de la colonización que estaban llevando a cabo los europeos que, según algunos cultos, desaparecerían tarde o temprano dejando allí sus cargos. Otros movimientos añadían, además, que los melanesios (que, como indica su nombre, tienen la piel oscura) se convertirían en blancos después de expulsar a los forasteros de sus tierras. Mientras que algunos grupos atacaron frontalmente al cristianismo que los misioneros querían imponer en la zona, otros lo combinaron con el culto a los antepasados, que regresarían tras la expulsión de los blancos con todas las comodidades y tecnologías de los cargos.

El militar que se convirtió en dios

Esta teoría del regreso de los antepasados procede de uno de los primeros cultos cargo de los que se tiene constancia, relacionado con el movimiento de la “Locura de Vailala” que se sucedió en la isla de Nueva Guinea entre 1919 y 1922. Los guineanos dejaron de ir a misa y quemaron sus objetos sagrados para desarrollar un culto híbrido combinando ritos propios y ajenos: leían oraciones como los misioneros y también realizaban danzas nocturnas y consumían compulsivamente la droga kava, con efectos euforizantes y anestésicos.

Sin embargo, los combates desarrollados en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial insuflaron energía a estos cultos. De repente, aquellas alejadas islas oceánicas se convirtieron en un interesante punto estratégico para los combatientes, que establecieron bases en la zona. Fue entonces cuando en la isla de Tanna, que hoy forma parte del estado insular de Vanuatu, se desarrolló uno de los cargo cults más interesantes: el culto a John Frum, que pervive, de manera testimonial,hasta la actualidad.

Algunos fieles desfilando durante el Día de John Frume en 2014. SEBASTIAN BADOR (Research Gate).

John Frum es una figura legendaria, un hombre “bajito, de barba blanca y con una casaca con numerosos botones” que probablemente hubiese pertenecido al ejército estadounidense y que habría recibido su apodo tras presentarse con la fórmula: “I’m John, from America”. Este militar estadounidense habría presentado numerosas tecnologías del cargo a los habitantes de Tanna para luego marcharse al final de la guerra.

Hasta el día de hoy, los seguidores de John Frum celebran una festividad cada 15 de febrero, el día de John Frum, en la que sus seguidores se visten con uniformes militares de estilo estadounidenses y elevan la bandera del país del tío Sam. Este evento, que se celebra más bien por su interés histórico y turístico que por verdadera devoción, es el último vestigio de una época rica en cargo cults en un Vanuatu de posguerra en el que los creyentes vestían ropas militares, elaboraban réplicas de aviones con madera y preparaban pistas de aterrizaje caseras para facilitar la llegada de la deidad “Rusefel”, una versión legendaria del presidente Franklin D. Roosevelt.

Felipe de Edimburgo, Roosevelt y Yali

Si bien la auténtica identidad que esconde el nombre de John Frum es totalmente desconocida, sí que es ampliamente conocido el protagonista de otro culto de Vanutau, dedicado nada más y nada menos que al príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la monarca británica Isabel II. Una leyenda local de Younanen, en Vanuatu, habla acerca del regreso del Dios de la Montaña, un personaje pálido que traerá riquezas a los habitantes de la isla. Probablemente, algún vanuatuense acudiese a las oficinas de la administración colonial y observase el retrato de los monarcas que cuelga en todos los edificios públicos, y por su piel blanca asociase al príncipe consorte con la deidad ancestral a la que esperan.

Con todo, el personaje más relevante de los cultos de cargo pueda ser Yali, un guardacostas nacido en 1919 que trabajaba para la administración australiana que controlaba Papúa Nueva Guinea antes de su independencia en 1975. Yali era hijo de un antiguo líder comunitario de la zona, y por eso la administración le designó la tarea de mediar con los nativos para medrar su desconfianza hacia los colonos y organizar la distribución de recursos y subvenciones tras la Segunda Guerra Mundial.

Yali comenzó a dar discursos y a formular promesas a través de diversas aldeas, que fueron percibidos en términos religiosos. Pronto, Yali empezó a ser venerado como un profeta que traería el cargo y las riquezas que los blancos no querían entregar a los habitantes de la isla. Al poco tiempo, el líder oyó hablar acerca de las nuevas teorías sobre la evolución enunciadas por Darwin, y se sintió profundamente decepcionado y engañado por los sacerdotes y misioneros. Entonces, Yali abrazó el culto tradicional de sus antepasados y participó activamente en la creación del Fifth Cargo Belief, un movimiento religioso que se vio apoyado por las reformas políticas que, en cierto medida, pudo llevar a cabo Yali gracias a su cargo de “capataz supervisor”. Así, el líder comenzó un proto-movimiento de independencia en el que aprovechó estructuras coloniales ya presentes en la isla para acumular más poder. Entre sus proclamas, destacaban el rechazo al pago de impuestos a la administración australiana y el rechazo a la religión cristiana, que trajo consigo humillaciones y agresiones a los sacerdotes de la isla.

Fotografía del líder Yalí. (Alchetron.com)

Sin embargo, el gobierno colonial reaccionó y encarceló a Yali en 1948, después de que un agente policía violase a una prisionera en una de las comisarias que se encontraba bajo el control del líder religioso. Cuando Yali salió de prisión seis años después, toda su influencia política se había perdido, aunque siguió siendo venerado como un gurú espiritual hasta su muerte en 1975, año en el que Papúa Nueva Guinea accedió a la soberanía.

Al final, los cultos de cargo no fueron solo fenómenos religiosos interesantes y tan respetables como cualquier otra creencia, sino la materialización de todos los conflictos que trae consigo la colonización y la imposición de credos y formas de vida sobre otros pueblos. En pleno siglo XXI, los territorios melanesios, conformados por estados, ya no son visitados por forasteros exóticos que traen avances desconocidos. Aún así, ¿quién sabe si, en un mundo interconectado en el que los territorios inexplorados son cosa del pasado, los futuros cargos divinos no vendrán desde lo más profundo del mar, sino desde las entrañas de otra galaxia?

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