Plantando semillas soviéticas

Plantando semillas soviéticas

El Gobierno de la cuestionada República Federal de Crimea celebra su unión con Rusia erigiendo estatuas a antiguos héroes de la Unión Soviética en varios puntos del país mientras sus vecinos del Donbás se revuelven en una cruenta guerra civil.

Portada: Krymskaya Pravda

El 25 de octubre de 2020, Sergey Aksyonov, Primer Ministro de Crimea, inauguró una estatua al héroe soviético Amet-Khan Sultan en Simferópol, la capital del país. El principal medio de la región, el diario Krymskaya Pravda, detalló minuciosamente las palabras de agradecimiento de Aksyonov hacia Rusia: “Sin la ayuda del Gobierno de la Federación, este acto no hubiera sido posible”. Durante la conmemoración estuvieron presentes miembros de la Sociedad Histórica Militar Rusa y también el ministro de Cultura ruso, Vladimir Medinsky. Más presencia rusa que ucraniana en un acto que desentona con los derribos de antiguos símbolos soviéticos en la Europa post-socialista.

Se trata de otra muestra del afianzamiento del control que ejerce Putin sobre la península, anexionada ilegalmente por Rusia el pasado 18 de marzo de 2014. Desde entonces, se calculan en al menos 140.000 los habitantes de Crimea que abandonaron sus hogares por oponerse a la ocupación, en su mayoría de etnia tártara, turca o ucraniana. La situación geopolítica de la zona propició a un descenso considerable del turismo, que representaba una cuarta parte de la economía crimea. Muchos negocios hosteleros han tenido que cerrar y un gran número de obras de construcción se han parado a falta de la inversión extranjera de capital. Sin embargo, y como bien se preocupan por señalar en los medios locales, los ciudadanos se sienten respaldados por el refuerzo del sector industrial.

Y es que más de 240.000 personas se han mudado a la joven República de Crimea desde territorio ruso, lo que propicia sentimiento de unidad, mayor estabilidad y, sobre todo, mano de obra. Por lo que parece, Rusia está realizando una gran inversión en la industria de la península. Según data Emerge Europe, la superpotencia habría invertido alrededor de seis mil millones de dólares estadounidenses en la creación de una línea de alta velocidad que conectase Sebastopol y Simferópol con la red de autopistas rusas, y otros diez mil millones más para mejorar la infraestructura. Además, Putin reforzó el éxodo a Crimea con un aumento de sueldos generalizado en sus zonas más industriales.

La vida en Crimea, sin embargo, no resulta tan esperanzadora como parece. Incluso después de que el gobierno ucraniano haya restado prioridad al conflicto geográfico debido a los levantamientos armados en el este del país (Guerra del Donbás), no parecen cesar las llegadas de militares rusos a la península. Cada vez hay más. El ejército ruso se está movilizando para transformar un sector tan estratégico como lo es Crimea en una verdadera base de operaciones. En especial, se trata de la puerta de entrada para el control ruso del Mar Negro. Mientras la tensión entre Rusia y Turquía aumenta por las disputas entre Azerbaiyán (aliado turco) y Armenia (aliado ruso), los astilleros de Sebastopol trabajan sin descanso.

Censo poblacional de la región de Crimea realizado en 2001
Mapa con los resultados del censo poblacional de la región de Crimea realizado en 2001. Fuente: El Mundo

Así pues, Sebastopol (y otras muchas zonas de la península) se han convertido en sectores militares. La Organización de las Naciones Unidas destacó en 2018 el “grave deterioro de la libertad de las personas”, añadiendo la expresión “descenso del bienestar” en su discurso, al contrario de lo que manifiesta la prensa crimea o rusa. La escasa presencia de periodistas y el cambio del foco mediático hacia la guerra del Donbás propician la desinformación y la propaganda. Sin embargo, pueden sacarse varios detalles en clave, sobre todo la inclinación política en el territorio.

Crimea es un punto estratégico disputado por tres países desde que los otomanos la invadieran en el 1475. Fue por aquel entonces cuando llegaron los tártaros. Casi 300 años después, la guerra entre Rusia y el Imperio Otomano propició la independencia del Kanato de Crimea, que duró unos escasos nueve años hasta que la zarina Catalina II anexionó la península al Imperio Ruso, donde permaneció hasta la segunda mitad del siglo XX. Fue entonces, en el año 1954, cuando Crimea pasó de permanecer en la República Socialista Soviética de Rusia a la RSS de Ucrania por los problemas que tenía la primera para abastecer a la población.

Con la disolución de la Unión Soviética, sin embargo, Rusia trató de romper el acuerdo por el que entregó Crimea a Ucrania, sin éxito. La península se declaró independiente en un referéndum en 1992 que Ucrania no aprobó, ofreciendo a Crimea una autonomía dentro del país. Por aquel entonces, entre 200 y 300 mil tártaros deportados antiguamente por Stalin regresaron a la península. A su vuelta, los repatriados sufrieron de falta de vivienda. Además, muchos de ellos se negaron a aceptar la ciudadanía ucraniana.

En mitad de este contexto en el que Turquía reclamaba la independencia de los tártaros (pueblo turco), Rusia la incorporación de la península a su país y Ucrania la plena integración de esta en su territorio, ocurrió el Euromaidán o revolución de la Europlaza. El 21 de noviembre de 2013, un día después de que el presidente ucraniano prorruso Víktor Yanukóvich suspendiese la firma de un acuerdo de libre comercio y asociación con la Unión Europea, estudiantes ucranianos salieron a manifestarse en la Europlaza de Kiev. Las protestas se extendieron durante los siguientes meses y consiguieron derrocar a Yanukóvich (22 de febrero de 2014). Este hecho, no obstante, radicalizó la postura de gran parte de la sociedad que buscaban asociarse con Rusia. Según varios estudios, los prorrusos comprendían alrededor del 38% de la población, representando más del 80% en el este del país, donde actualmente se desarrolla la Guerra del Donbás (en las autoproclamadas República Popular de Donetsk y R.P. de Lugansk).

Mapa del Conficto entre las fuerzas prorrusas y ucranianas en el Donbás. Fuente: News Front

En Crimea, la situación tomó un camino diferente. Rusia, que llevaba años reclamando esa tierra, movilizó soldados a la península aprovechando que una mayoría de la población apoyaba la unión con los rusos. Los independentistas crimeos, en su mayoría tártaros, no tuvieron otra opción que marcharse, al igual que hicieron los proucranianos.

El monumento a un héroe soviético busca plantar raíces en una tierra dividida a fin de que la población se enorgullezca de haber elegido bando. Es tan solo una muestra de la mecánica que persigue el gigante siberiano desde hace ya varios años, extrañamente comparable al expansionismo alemán previo a la Segunda Guerra Mundial.

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