Piel negra en un mundo blanqueado («Black Skin In A White Washed World»)

Piel negra en un mundo blanqueado («Black Skin In A White Washed World»)

 

Malik Barry, nacido en el año 2002, vive en Maryland, Estados Unidos y ha empezado su primer curso en la universidad este primer año. Hoy nos ha querido contar sus experiencias con el activismo en los últimos meses.

Puedes acceder al texto original en inglés aquí


El pasado 25 de mayo, todavía inmersos en la peor fase de la pandemia, un terrible acontecimiento agitó la opinión pública mundial e inició una de las mayores movilizaciones de los últimos  años en Estados Unidos: la campaña Black Lives Matter, que denuncia las injusticias cometidas contra la población negra de Estados Unidos, inundó las calles de las principales ciudades del país después de que se viralizase el vídeo que mostraba el cruel asesinato de George Floyd a manos de dos oficiales de policía. 

«El año 2020, para mí y para todos en cualquier lugar del mundo, ha sido un año para ajustar cuentas, un año que ha mostrado su cara más fea y que nos ha forzado, como comunidad global, a afrontar los demonios internos y las injusticias que habitualmente pasábamos por alto y que evitábamos.

Crecer siendo una persona de color en Estados Unidos ha sido uno de mis grandes privilegios, pero también uno de mis grandes desafíos. Al vivir en un barrio blanco de la periferia, en ocasiones resulta difícil encontrar a alguien que se te parezca y que comparta tus mismas experiencias: la comunidad en la que creces muchas veces te sirve de refugio frente a las duras realidades de tu alrededor, y por ello desarrollas una falsa sensación de seguridad. Una falsa de seguridad que estaba desarrollando poco a poco cuando el Coronavirus comenzó a revelar, rápidamente, como la gente de color de este país está sufriendo de manera desproporcionada a causa de la ausencia de asistencia sanitaria de calidad y de la discriminación dentro del ámbito de la vivienda.

Las directrices del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (por sus siglas en inglés, CDC), como el distanciamiento social, resultan prácticamente inaplicables para las familias que viven en núcleos urbanos, debido a la concentración en los hogares y a la existencia de viviendas en las que habitan varias generaciones. Con esta pandemia, y el golpe que ha supuesto para las comunidades con menos ingresos, la gente de color y la población negra en particular han comenzado a sentirse excluidas, fuera del ámbito de actuación de la legislación gubernamental, de la ayuda contra el COVID y de una asistencia sanitaria acorde a sus necesidades.

Recuerdo estar sentado en mi casa preparándome para mi graduación el 25 de mayo cuando el informativo comenzó a hablar acerca de George Floyd y su asesinato a manos de unos oficiales de policía en Minneapolis, en el estado de Minnesota. Estaba navegando en mi feed de Twitter cuando vi a un hombre negro inmovilizado en el suelo suplicando algo de espacio, suplicando para poder respirar.  Recuerdo mirar fijamente dentro del alma de aquel policía demente y cruel, que le arrebataba salvajemente la vida a George Floyd mientras gritaba “I can’t breathe”. La implacable rodilla del oficial de policía clavada en George Floyd estaba también revelando la vida de los negros en Estados Unidos. Me encontraba agitado y furioso después de ver que ese hombre estaba siendo tratado de aquella manera tan inhumana, sin que ninguno de los otros policías tuviese la intención de intervenir para acabar con esa atrocidad.  

Quizá a muchas personas les parezca algo nuevo, pero para los afroamericanos estas atrocidades e injusticias a las que se tienen que enfrentar todos los días están grabadas en su historia y en su desarrollo. Las comunidades negras siempre han estado mucho más vigiladas por las autoridades a causa de los prejuicios y de los policías racistas. Normalmente, cuando una vida negra es arrebatada por unos intolerantes con placa, o bien estos últimos pasan desapercibidos, o bien acaparan los medios de comunicación durante una semana y son juzgados por la opinión pública hasta que todo el mundo regresa a su rutina, o bien son vilipendiados por llevar a cabo las acciones que condujeron al incidente. Este año, sin embargo, con millones de personas confinadas en casa a causa de la pandemia no existía la oportunidad de regresar a nuestras ocupadas jornadas laborales y olvidar las tensiones raciales y las desenfrenadas injusticias que suceden en nuestra nación.

Por todo esto, una impresionante cantidad de gente se amotinó en las calles con una pasión nunca antes vista, reclamando justicia e igualdad para sus hermanos. El mensaje de justicia racial se extendió por naciones de todo el mundo, y personas de todos los credos y todas las lenguas se manifestaron a favor de los que a menudo son marginados y recluidos.

Yo, siendo un hombre negro, reconozco que fue importante agitar la ciudad suburbana en la que vivía para sacarla del profundo sueño en el que se encontraba inmersa. Empecé a organizar mítines cerca de mi casa y gané fuerza para hablar a la gente de mi comunidad acerca de los perjuicios a los que nos someten nuestros sistemas a las personas de color. Conversé con mis compañeros en la escuela acerca de por qué es importante amplificar las voces negras, esas voces que son tan a menudo ignoradas. Fue difícil salir con fuerza y manifestarse por las vidas perdidas en la guerra racial en la que nos encontrábamos, pero me esforcé para luchar por aquellos para los que les resulta difícil alzar la voz sin ser denigrados. Creo que siempre es importante- sin importar quien seas, de donde vengas o el nivel económico al que pertenezcas- luchar por los que son menos afortunados y por los que se encuentran en peligro.

Ahora, varios meses después de los asesinatos de George Floyd, Ahmaud Arbery y Breonna Tylor, es importante mantener el legado que han dejado. Somos firmes en nuestro deber de hacer responsables a los líderes políticos de todas las decisiones que toman y de la legislación que aprueban. Nuestro deber como comunidad global, y como estadounidenses, es plantearnos a quién dejan fuera nuestras políticas y luchar para la igualdad en la ley y en la justicia. Nuestras vidas importan, las vidas negras importan, y los votos negros importan».

Malik Barry, desde Bethesda, Maryland.

(22 de noviembre de 2020)

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