La sombra del LRA

La sombra del LRA

A pesar de un descenso claro de su actividad desde hace años, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) sigue siendo una de las mayores preocupaciones para muchos ciudadanos de la República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

Portada: Getty Images.

El grupo terrorista ugandés de etnia Acholi nació en contraposición a la toma de poder del actual presidente de Uganada, Yoweri Museveni, en el año 1987 tras la guerra del Norte de Uganda. El LRA sentía que esa zona estaba siendo maltratada por el nuevo presidente, por lo que el propósito inicial de estos rebeldes fue derrocar a Museveni e instalar en el país un régimen basado en los diez mandamientos de La Biblia. Un ejército caracterizado por su espiritualidad y sus aires místicos. Para conseguir su objetivo optaron por la militarización del grupo y la brutalidad en sus acciones, instalando así un periodo de terror en Uganda y en los países colindantes. Un conflicto que se enquistó durante más de 20 años gracias a la capacidad de adaptación del grupo armado y a la financiación de países como Sudán del Sur, con intereses geopolíticos de por medio.

Desde 1990 hasta el 2005, se estima que el LRA asesinó a más de 100.000 personas, secuestró a más de 70.000 niños y desplazó a casi dos millones de individuos de sus hogares. Además, las mutilaciones de labios y orejas a niños, así como las violaciones a civiles son una de sus señas de identidad más marcadas en la mayoría de sus acciones. 

El momento álgido del grupo guerrillero se produjo en los años 2002 y 2003 cuando contaban con más de 5.000 combatientes. No obstante, en el año 2004 el peso del grupo en la zona fue disminuyendo debido a la presión del ejercito ugandés, al abandono por parte de Sudán y a la amnistía proclamada por el gobierno de Kampala (capital de Uganda) a la que se acogieron muchos miembros del grupo. Así pues, el Ejército de Resistencia del Señor cambió de estrategia y sus ataques pasaron a ser más reducidos y específicos. En el año 2006 tuvo lugar el último ataque del LRA en territorio ugandés. 

Foto: Reuters.

Debido a la decadencia del grupo paramilitar en la zona, en el 2008 la banda terrorista decidió traspasar fronteras, cruzar el Nilo y situar sus campamentos base al suroeste de la República Centroafricana, dentro del Parque Nacional de Garamba. Como consecuencia, el LRA y el gobierno de Uganda acercaron posturas y estuvieron a punto de firmar un tratado de paz. Sin embargo, el líder del grupo terrorista Joseph Kony lo rechazó en el último momento ya que la Corte Penal Internacional había lanzado una orden de detención contra él y varios cabecillas más de la banda terrorista. A partir de ese año, la mayor parte de los ataques del grupo han sido en la República Centroafricana. A Joseph Kony, el cual es tratado por la banda como un enviado de Dios, se le acusa a día de hoy de múltiples crímenes de guerra y de varios delitos de lesa humanidad. Tras la dispersión del grupo, Kony se encuentra en paradero desconocido, aunque se sospecha que está refugiado en Kafia Kingi, un enclave entre Sudán y de Sudán del sur.

Joseph Kony. Foto: Invisible Children.

En el conflicto también se involucró Estados Unidos, enviando a la zona a 100 asesores militares para adiestrar y organizar los heterogéneos ejércitos que trataban de acabar con los rebeldes del LRA. En el año 2011, los estadounidenses abandonaron la zona debido a que el Gobierno de Uganda modificó la perspectiva del conflicto, caracterizándolo de un problema local que debía estar en manos de la policía. Así pues, tras muchos años de sufrimiento y de sangre derramada, el LRA parecía derrotado y a punto de la desaparición. 

Sin embargo, desde el año 2016 el LRA ha ido retomando sus crueles prácticas por el suroeste de la República Centroafricana y el norte de la República Democrática del Congo hasta convertirse de nuevo en una preocupación real en la zona. Varios informes de la ONU aseguraban que el número de militantes del grupo liderado por Kony antes del 2016 se había reducido a apenas 300 soldados que actuaban de forma dispersa y esporádica. A partir de ese año, los secuestros de niños y niñas para aumentar su ejército y practicar violaciones había ascendido notablemente, aunque muy lejos de los años de esplendor del grupo armado.

El LRA realizó al menos 55 ataques y 163 secuestros durante el año pasado en los tres países en los que actúa en el centro de África, según los datos de la ONG Invisible Children. La situación ha provocado que miles de personas hayan tenido que abandonar sus hogares por el temor que siguen infundiendo los rebeldes del LRA. En los que llevamos de 2020, 154 personas han sido secuestradas por el LRA en núcleos urbanos del norte de la República Democrática del Congo, según los datos ofrecidos por la web Crisis Tracker. 

El potencial de este grupo guerrillero no es el mismo que le de hace quince años. Su ruta ha cambiado y ahora actúan de forma esporádica, pero el terror que inspira en el centro de África sigue quitando el sueño a miles de personas.

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